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Despues
mucha lluvia, aún demasiado poco para que llene los embolses
en El Chorro, el Valle de Abdalajis parecía exuberante, verde
en el valle y en las montañas, salpicado por flores amarillas
y purpuras y también grupos de amapolas agitando en el viento.
Sin desayunar por afilar nuestro apetito para el menú del
día, estábamos muy listos, aún no tardaba mucho
antes de tener miedo.
El primer restaurante ofrecía un menú del día
de verdad, pero el precio parecía demasiado alto. El segundo
ofrecía también lo que estábamos buscando,
pero la dueña, por alguna razón extraña, no
era muy amable y teníamos miedo de que ninguna sonrisa no
fuese un buen presagio para la comida. El tiempo pasaba. Era casi
2.00pm, basante temprano, pero no había mucho tiempo para
buscar más. Parando para hacer fotos no lo ayudó,
pero no poníamos resistir porque el pais parecía tan
bueno.
De repente vimos la mejor posibilidad hasta entonces, cerca del
pueblo Abdalajis. El aparcamiento se encontró casi lleno
y el resautante estaba hasta los topes con obreros españoles.
Vale, si haya una cosa en la que se puede confiar, es que los obreros
españoles saben muy bien donde a ir para comida. El equivalente
inglés, el greasy spoon, con jarras grandes de té
y con desayuno disponible todo el día, no ofreciría
lo mismo encanto, a menos que fueses un obrero inglés.
Conseguimos a tener una mesa y nos sentamos llenos de anticipación,
aún nuestras sonrisas desparecieron de repente quando nos
dimos en cuenta que no había ningun menú escrito.
Esta vez tuvimos que escuchar cuidadosamente, precipitandonos sobre
las palabras españoles las que parecían familiares.
De lo que pudimos entender, pudimos elegir entre gaspacho, marisco,
mixta o macarrones para el primer plato y entonces chanquetes con
pimientos o pollo para el segundo.
Elegimos uno macarrone, que resultó a ser penne con salsa,
tan bueno como cualquier que hemos tomado en Italia, y una mixta
para compartir. Las chanquetes, que a nosotros parecieron como gusanos
blancos con ojos negros, fueron un poco raro, mientras el pollo
fue más familiar a nuestro origen inglés, servido
con patatas fritas. Una copa de blanco frío fue el acompañamiento
perfecto. Despues fueron flan con canela y flan con miel. Mucha
comida, aún toda casera y sana. Entonces cafe en el bar,
un poco conversación en español y “A casa, Juan.”
(“Home, James.”) |