Estaba
paseándome en mi terraza mientras mirando para arriba el
cielo. Esperaba la llamada del Birdman de Alora, amigo y ornitólogo
Keith, que vive con su mujer Sherill, acerca del pueblo. Nos habían
invitado en una expedición de ornitólogo. Habíamos
esperado pacientemente durante el furioso del verano, cuando hay
muy poco de pájaros, y estábamos listos para ir. Octubre,
Keith nos había dicho, es un tiempo muy bueno, especialmente
enseguida después de la lluvia. Era finales de octubre y
había habido muchos del excedente muy constante de la lluvia
la última semana o tan. Con todo seguía siendo posible
que el nuestro esperar no pudo haber terminado. El parte meteorológico
era bueno, pero las nubes persistentes en el cielo temprano de la
mañana parecían algo siniestras a mí. El teléfono
sonó repentinamente y nos vemos Keith y Sherill pronto cerca
del ferrocarril donde Keith hizo su primera observación muy
rápida. Los colores de nuestras camisetas, verde y el rojo
brillante, era apenas ideal para el camuflaje. Obvio cuando piensas
de él, que no teníamos obviamente. Ofrecí ir
a casa y cambiar mi ropa, pero se parecía que no habíamos
soplado nuestras ocasiones, la observación siguiente de Keith
veniendo muy rápidamente. Aprendía. Comenzaba ya realizo
cómo alarma y rápido se necesita ser, como enfoqué
adentro casi demasiado tarde en mi cámara para coger una
cigüeña negra que circundaba delante del Castillo Arabe.
Puedes ver claramente la mancha negra en mi fotografía, no
haciendo obviamente la justicia a la vista magnífica que
Keith encontró particularmente emociaonante, porque era la
primera cigüeña negra que él había visto
desde el invierno pasado.
"Te encuentras constantemente el mirar para arriba el cielo
dondequiera que vayas?" Le pregunté. "No, en absoluto,"
él dijo categóricamente, "después del
accidente," él rió, "paré el hacer
de eso." Seguimos Keith y tomamos nuestras posiciones al lado
de él respecto al puente sobre el Río Guadalhorce,
su ojo practicado que seleccionaba inmediatamente una lista entera
de pájaros, los Cattle Egrets (que tienen picos amarillos),
Little Egrets (que tienen picos negros), Common Sandpipers, un Heron
Gris, un Wagtail Gris y algún Mallards. Intenté guardar
el paso con él todo, encontrando que tenía también
muchas cosas a sostener, mi cuaderno y la pluma, la cámara,
los prismáticos y el libro de consulta Keith nos habían
prestado llamada Birdwatching on Spain’s Southern Coast, escrito
por su amigo John R. Butler, un libro excelente y uno que debía
para salvar el día para nosotros no largos luego.
La etapa dos de nuestra excursión era ser el estuario del
río de Guadalhorce, apenas al oeste de Málaga. Viajando
en coches separados, perdimos inevitable nuestra guía, aunque
sus direcciones habían estado bastante claras. "No os
preocupe," él nos había dicho, "Tenéis
el libro." Después de escapar del tráfico de
Torremolinos sábado y habíamos dado vuelta para la
ayuda a nuestro libro, encontramos Keith y Sherill otra vez, a pesar
de su ropa ideal del camuflaje y el espíritu de la ocasión
fue recuperado mientras que oímos un estribillo de Parakeets
en nuestra entra en el Guadalmar lujoso. El paisaje en el estuario
era espectacular, el mar agitado que ponía en contraste rígido
con la tranquilidad del río a lo largo de un banco de el
cual estaba una pista larga, ancha, asperjada abundante con los
bancos para el resto y la observación. Compartiendo el terreno
con los senderisimos, los ciclistas y un windsurfer muy muscular,
que observé un punto se parecía detraer de la concentración
ornitóloga del contingente feminina de nuestro partido, vimos
un Marsh Harrier, dos Flamingos en el aire, un Whiskered Tern, varios
Cormorants, un Stonechat que se sentaba en un poste indicador y
una multitud del Parakeets verde eléctrica que habíamos
oído anterior en nuestra llegada.
Era stimulante y muy interesante. Pero éramos todos atrasados
para el refresco, la mayoría de nosotros de todos modos.
Pues salió la llamada repetida para una hora de la almuerzo,
estaba claro que no sería facil a separar Keith del lugar.
Él era donde él deseó estar. En Paraiso, man.
Persistimos todo y él se aplacó eventual, pero el
agujero de riego para los seres humanos, que habían sido
seleccionado por Sherill, estaba cerrado. ¡En entonces a la
etapa tres, el estuario del Río Velez, cerca de 30 kilómetros
al este de Málaga, en donde encontramos un lugar para el
almuerzo, tan afortunados que éramos en el punto de comer
nuestros prismáticos! La ruta abajo a la playa era ventosa,
estrecha y muy mojada, el terreno circundante, en gran parte el
peón, siendo muy diferente del estuario de Guadalhorce. Con
los bancos altos de cañas, los árboles de palma, niebla
en la playa y ondas platas que se estrellaban, me recordaron playas
que había visto en Natal, Sud Äfrica, y Mozambique.
Una vez más el río era muy pacífico comparado
a las ondas del océano y Keith precisó otra vez un
desfile de pájaros hermosos, naturaleza como la naturaleza
pensó, Mallards, un White Wagtail, Little Egrets, Black Winged
Stilts (mi favorito del día), Warblers, Moorhens, Coots,
Grey Herons y Black-headed Gulls. Keith quiso ver un Short-toes
Eagle, nombrada eso en cuenta en sus garras muy cortas, que se adaptan
especialmente para coger serpientes, pero él debía
estar decepcionado en esta ocasión.
¿Punto culminante del día? La cigüeña
negra sobre el Castillo Ärabe en Alora, el paisaje hermoso
y variado a través del día, la compañía
agradable, el conocimiento experto de Keith y su preparación
amistosa para compartirlo. Con todo total, qué encontré
tan maravilloso como el paisaje y los pájaros que manchamos
en su habitat natural era la absorción absoluta de Keith
en su ornitólogo. Eché un vistazo encima en él
en un punto y vi un cuadro de la relajación perfecta y de
la satisfacción profunda. Él estaba en un mundo propio,
o un mundo compartido con la naturaleza y todo se parecía
bien con el mundo. Compartí su felicidad. Es a veces bueno
ser recordado que hay así que muchas cosas hermosas para
ver y para apreciar en el mundo alrededor de nosotros.
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